SUSANNE IGLERMUNICH, 9 de mayo. Entre los estudiantes extranjeros de diversas universidades norteamericanas, sobre todo entre los que somos de partes menos desarrolladas, suele ser una broma común la de que uno sólo comienza a existir como ser humano a partir de la obtención de una dirección electrónica. El concepto de modernidad que está en el fondo de este chiste autoirónico está detrás del sorprendente discernimiento que de repente obtiene Biscuter, cocinero, ayudante, secretario y factótum imprescindible del detective barcelonés Pepe Carvalho, famosísima creación literario de Manuel Vázquez Montalbán, en la novela corta La muchacha que pudo ser Emmanuelle. "A usted, jefe, le falta modernidad", le dice el fiel compañero al fisgón profesional en medio del despacho desordenado y sobrecargado con papeles sueltos, situado en una calle lateral de las Ramblas de la Capital catalana, símbolo del progreso, dinamismo y habilidad comercial de la nueva España posfranquista. Con una determinación firme y poco conocida en el factótum más bien moderado, el ayudante le propone a su jefe una necesaria "renovación del utilaje" en combinación con un "mejor aprovechamiento de los recursos humanos de que dispone". A finales del siglo XX, un detective privado no se puede limitar a los aprobados métodos al estilo del tough guy Philip Marlowe u otros representantes del hard-boiled genre: teléfono, cigarros, escritorio y una buena porción de cinismo frente a una sociedad totalmente podrida en la que un detective ya no puede funcionar como defensor de la justicia, por la inexistente posibilidad de restablecer el orden, sino sólo como observador y una especie de cronista social algo frustrado ante la omnipresente victoria de la amoral sobre la moral.
"¿Sabe usted que es un fax? ¿Un ordenador? ¿El CD ROM? ¿Internet? ¿Tiene alguna idea de cómo podría ayudarle el control de las autopistas de la información?" sigue Biscuter, explicando el fabuloso cambio de su horizonte mental después de un viaje a Francia, cuna de grandes teóricos de la cultura occidental, donde no sólo aprendió a cocinar platos deliciosos, que son la gran pasión de su jefe, sino también se contagió con las teorías más recientes sobre los nuevos territorios constituidos por la fusión de la informática y la telecomunicación con medios más tradicionales. En consecuencia, y para combatir la tendencia de Carvalho "a dejar que los problemas se le duerman o se olviden de usted amontonados sobre esta mesa" - y eso con que, dicho de paso para nuestros lectores críticos culturales, el detective es una mezcla gallega-catalana sin una sola gota de sangre mexicano - Biscuter pone ante los ojos sorprendidos de Carvalho un fax y "varias cajas donde las etiquetas prometían un contenido de modernidades". Sólo a duras penas logra Carvalho prevenir el asalto cibernético y con éste la búsqueda de clientes a través del Internet propuesta por su socio. Salvado del peligro constituido por una invasión electrónica de su mundo, Carvalho se pone a meditar sobre los cambios producidos en la personalidad hasta este momento un tanto pasivo de su viejo compañero, una nueva confianza en si mismo, obviamente fruto de un adelanto tecnológico....pero no le queda mucho tiempo para meditar, ya que les llega el primer fax con el encargo de aclarar el destino de la muchacha que en algún momento estuvo en punto de hacerse la Emmanuelle argentina.....
Y mientras Carvalho se dedica a resolver el enigma, su creador y autor Vázquez Montalbán no se conforma con el escepticismo de su protagonista frente a la modernidad: no sólo cuenta este autor con uno de los mejores websites de toda la Red (http://www.vespito.net/mvm/indesp.html), sino le otorga al detective algo de inmortalidad, si eso es posible en un medio con un ritmo tan acelerado como Internet: Para el gran entusiasmo de los que nos perdimos las entregas diarias de La muchacha que pudo ser Emmanuelle en El País en agosto de 1997, existe una versión online del texto bajo la dirección increíblemente larga que ya parece en sí toda una novela electrónica: http://www.logos.it/owas/wordtheque_dba.w6_context.more_context?parola=0&n_words=1&v_document_code=7881&v_sequencer=169454&lingua=es.
Así que, finalmente, a pesar de su resistencia a la modernidad, Pepe Carvalho cobra vida de a veras en términos de freshman gringo: con una dirección electrónica se ha inmortalizado en el universo virtual. Y a su creador nadie le puede decir: "A usted, jefe, le falta modernidad." Hasta en el campo novedoso de la literatura virtualizada, los catalanes están entre los más progresistas e innovadores.
Esta columna se publicó el Lunes, 10 de Mayo de 1999, en la sección de computación del periódico mexicano Excélsior, cuya página web dejó de existir.