Kopfleiste des Online-Auftritts des Excelsior

Chamanismo Digital Desde Viena

ENRIQUE AGUILAR
kikeagui@servidor.unam.mx

A continuación me permito compartir con los lectores de esta amena y audaz columna un reporte cibernético que como verán no tiene desperdicio y que además va a ponea saltar de gusto a los adoradores de Macintosh, con todo y "manzana del conocimiento". Salud y gozo, y dice:

"El otro día tu fiel corresponsal transatlántica se paseaba por la hermosa e imperial capital de Austria, en búsqueda de la historia y de uno de estos buenísimos cafés que dieron tanta fama a la ciudad...

"En total, este viaje había sido concebido como un puro trip cultural, y también como vacaciones del ciberespacio del cual me había vuelto demasiado dependiente -¿o cómo llamarías tú las ansias de consultar el correo electrónico mil veces al día y las ganas enormes de leer los periodicos mexicanos online, casi con más frecuencia que la edición impresa cuando están a la mano?

"Para esta autorrecetada cura de desintoxicación cibernética me venía como anillo al dedo el hecho de que en toda Viena no había ni un solo internet café -como si la ciudad no hubiera entrado plenamente en el siglo XX, porque cada esquina parece conservar todavía algo de ese charme un poco mórbido, pero por eso no menos sabroso, del imperio que pasó a las páginas de los libros de historia desde hace tantos años...

"Bueno, por pura curiosidad científica finalmente me metí en una exposición sobre chamanismo que había organizado espléndidamente el Museo de Etnología (ese mismo donde se conserva el plumazo comúnmente conocido como el penacho de Moctezuma, pero respecto del que nosotros, como buenos alumnos del famoso Antropológico, ya aprendimos la lección: es uno de los muchos penachos que los españoles se llevaron a la lejana Europa, y del que ni siquiera se sabe si en algún momento las manos sagradas del penúltimo de los aztecas lo tocaron; sin embargo, por puro nacionalismo indigenista... (pero ese es otro tema). Entonces andaba yo por salas llenas de varitas mágicas, tambores, muñecos de voodoo, hierbas secas, plantas alucinógenas y objetos misteriosos -una colección impresionante de los más remotos rincones de este planeta. Pero de repente creo que ya se me subió a la cabeza el leve olor a mota que percibo en las salas: o ¿cómo te explicas la existencia de una manzana mordida por los colores del arco iris entre todos estos objetos mágicos?

No, pues, pensé, ya me llegó el mono, como le dicen los peninsulares al síndrome de abstinencia, como consecuencia de mi renuncia temporal a los medios de comunicación indispensables... Parpadeo, respiro profundamente y me enfrento otra vez a la exposición: en vano: el famosísimo logo de Apple Macintosh sigue allí en la vitrina.

¡Sopas! Entonces se me ocurre consultar el catálogo: "La tarea del chamán consiste en establecer el contacto con los otros mundos habitados por
dioses y espíritus y en saber entrar y navegar en estos mundos ajenos al propio que comparte con el resto de la humanidad. Es allá donde busca
soluciones posibles para los problemas de esta vida. En su papel de mediador no sólo une los mundos diferentes, sino también el presente, el pasado y el futuro...

En nuestra época ha surgido otro mundo nuevo que es el ciberespacio. Las pantallas de las computadoras fusaionan como espejos mágicos que
procuran la entrada en estos nuevos mundos al margen del nuestro, en donde fácilmente nos perdemos si no hay mediador que nos guíe..." Los
cyberjunkies como chamames modernos, ¡oh yeah!. Aunque los autores de dicho catálogo tienen razón con que la red ofrece la entrada en otra realidad sensorial, visual, virtual, un viaje totalmente personalizado, la oportunidad de fundirse completamente con ese mundo virtual, de disolverse en la materia... y sin más drogas que la pantalla y el ratón, eh.

"Y luego dice el catálogo que los visionarios de la technología nos prometen eufóricamente cada vez más y mejor acceso a la información ilimitada e indispensable -y con eso nos guian hacia un futuro inventado por ellos... Empresas que se llaman Oracle o Apple -es como volver a comer la manzana del Arbol de la Ciencia. Brave New (Computer-)World.

"Ante esto ultimo fue que dije:
- Momento, señores, momento. Vine a esta exposición a aprender, pero todo tiene su límite, ¿no? ¿Acaso no saben que la empresa se llama Apple Macintosh porque el genial fundador construyó la primera máquina en el garaje de sus papás, comiéndose unas sabrosas manzanas de cultivo casero, manzanas del tipo Macintosh? Pero, bueno, así que el imperio tecnologico de las Mac es homenaje a la naturaleza... Arbol de la Ciencia, hmmm.

"Pensándolo bien, no suena tan mal la idea... la próxima vez que me llame mi cuate Nicolás por otro crash de su disco duro o lo que sea, le informaré con toda amabilidad que la curación de su compu requiere un difícil y peligroso viaje al mundo de los espíritus cuyos rencores hay que aplacar, para reestablecer el equilibrio del mundo, por supuesto, con ofrendas como un cigarro cubano, champán del bueno y demás encantos culinarios, que, según la sagrada tradición del chamanismo, desaparecen en la boca del mismo mediador.

Andale. También los expertos en computación tenemos que vivir de algo... Si, el simpático logo de la manzana arcoiris realmente abrió mi horizonte y me ofreció nuevos conocimientos... en realidad, debería ir a los museos con más frecuencia -gracias a Dios hay muchos de fama mundial que tienen una exposición online...

"Y para todos los que tengan dudas sobre el lugar de nacimiento de este texto: las letras salieron, por supuesto, del teclado de mi Macintosh Powerbook, que juro no volver a abandonar nunca más. ¿Quién se separaría voluntariamente del instrumento de su supremo poder? Nosotros, los chamanes del siglo XXI y héroes del ciberespacio sabemos que el vocablo Powerbook se traduce como May the Force be with you..."

Susi Langer
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Esta columna se publicó el Lunes, 25 de enero de 1999, en la sección de computación del periódico mexicano Excélsior, cuya página web (http://www.excelsior.com.mx/com17.html, 25-01-1999) dejó de existir.
 
 

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